Menguar Para Su Propósito


“Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe.”
 Juan 3:30


Hoy somos confrontados con una de las tentaciones más sutiles del discipulado cristiano: convertirnos en el centro de la vida espiritual de alguien, en lugar de ser el puente que los lleve a Cristo. El verdadero siervo de Dios trabaja para hacerse innecesario —para que la persona dependa de Jesús, no de él.


REFLEXIÓN

Juan el Bautista es uno de los ejemplos más claros de un ministerio bien entendido en toda la Escritura. Su función no era ser el destino de las personas —era ser el medio que las llevara al Esposo. Y cuando las personas comenzaron a seguir a Jesús en lugar de seguirle a él, Juan no lo vivió como una pérdida sino como el cumplimiento de su propósito.

Y la Reflexión de hoy señala un peligro real: querer volverse indispensable en la vida de alguien. Cuando una persona nos busca a nosotros en lugar de buscar a Cristo, cuando nuestra influencia crea dependencia en lugar de fe, cuando somos el punto de llegada en lugar del punto de partida —estamos fuera de la voluntad de Dios, aunque lo estemos haciendo con las mejores intenciones.

Y generalmente esta actitud viene acompañada de una tendencia a querer proteger a las personas del dolor. Cuando vemos a alguien atravesando dificultades profundas —luchas dolorosas, pruebas que parecen demasiado grandes para ellos— el instinto natural es intervenir, aliviar, rescatar. Pero debemos ser muy claros en este tipo de situaciones: si esas pruebas están acercando a esa persona a Cristo, la oración correcta no es que esas dificultades terminen, sino que culminen su obra.

Juan describe su rol como el del “amigo del esposo” —alguien cuyo gozo más profundo no es su propio protagonismo sino escuchar la voz del Esposo en la vida de otro. Esa actitud requiere una libertad interior que solo viene de haber resuelto el tema del ego propio: saber quién soy en Cristo sin necesitar ser el centro en la vida de alguien.

Y la declaración de Juan —“es necesario que él crezca, pero que yo mengue” —no fue dicha con tristeza sino con alegría. Porque menguar no es fracasar —es cumplir exactamente el propósito para el que uno fue llamado.


APLICACIÓN PRÁCTICA

•  Piensa en las personas sobre las que tienes influencia espiritual —en tu familia, en tu congregación, en tu círculo cercano. ¿están creciendo en su dependencia de Cristo, o en su dependencia de ti? 

•  Si hay alguien en tu vida que está atravesando dificultades profundas, examina tu oración por esa persona: ¿estás orando para que el dolor desaparezca, o para que Dios use ese dolor para acercarla a Cristo? 

•  Pregúntate con honestidad: ¿Hay alguna relación en la que me he convertido en el punto de destino en lugar del punto de partida? ¿Qué necesitaría cambiar en mi relación con esa persona para que Cristo ocupe el lugar central?

Menguar no es perder —es ganar el gozo más profundo que puede experimentar un hijo de Dios: ver que el Esposo ha entrado en la vida de otra persona.


PREGUNTAS DE REFLEXIÓN

1. ¿Hay personas en tu entorno que te buscan a ti en lugar de buscar a Cristo —que dependen de tu consejo, tu presencia o tu aprobación en lugar de crecer en su propia relación con Él?

2. Si te vuelves indispensable para alguien, estás fuera de la voluntad de Dios. ¿Esa afirmación te incomoda? 

3. ¿Hay alguien en tu vida a quien estás intentando proteger del dolor, cuando quizás Dios está usando ese dolor para acercarlo a Cristo? ¿Cómo puedes distinguir entre el acompañamiento genuino y la interferencia con la obra de Dios?

4. Juan expresó con alegría “es necesario que él crezca, pero que yo mengue”. ¿Puedes decir lo mismo con alegría genuina, o el menguar produce en ti resistencia, tristeza o sensación de pérdida? 

5. ¿Tu ministerio o servicio está produciendo personas que dependen de Cristo, o personas que dependen de tu ministerio?

Coram Deo 



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