A Su Tiempo… Pronto


“El pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte. Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.”

Isaías 60:22


¿Alguna vez has mirado lo que tienes —tus fuerzas, tus conocimientos, tus posesiones, tu fe— y has sentido que es demasiado poco para que Dios haga algo grande con ellos? 

Si te has sentido así, estas palabras de Isaías fuero escritas para ti.

El capítulo 60 de Isaías es un canto de esperanza: el profeta ve a Jerusalén humillada, saqueada, dispersa, y le habla como si ya estuviera resplandeciendo. “¡Levántate, resplandece!” le dice en el versículo 1 y a partir de ahí desgrana una serie de promesas maravillosas. Y el versículo 22, el último del capítulo, es la firma: la promesa de las promesas.


“El pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte.”

Esto es verdaderamente desconcertante. Dios dice que el pequeño se convertirá en un millar y el menor se transformará en una gran nación. Desde luego no está hablando de un crecimiento gradual ni natural. Está hablando de un acontecimiento que rompe toda lógica.

Esta es una constante que encontramos a lo largo de toda la Escritura: Dios trabaja de forma deliberada con aquellos que el mundo descarta. Eligió a Abraham, que era viejo y estéril. Eligió a Gedeón y cuando su ejército de 32,000 le parecía demasiado grande — lo redujo a 300. Eligió a David, el menor de ocho hermanos, que era un pastor de ovejas, para ir a la guerra. El apóstol Pablo lo expresa con una claridad aplastante:

“Lo necio del mundo escogió Dios para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte” (1 Corintios 1:27).

¿Por qué? Porque cuando lo pequeño se vuelve mil y lo menor se convierte en una gran nación, nadie puede llevarse el crédito, solo Dios.


“Yo Jehová” 

El versículo no dice “esto sucederá”. Dice: “Yo Jehová”. El nombre de Dios — ¡el que es, el que era y que ha de venir, el Todopoderoso! — sella la promesa como una firma al pie de un documento. Es una garantía personal y absoluta.

En la antigüedad, cuando un rey sellaba una promesa con su nombre, ponía su honor en juego. Si la promesa fallaba, el rey quedaba avergonzado. Dios pone su Nombre —el Nombre que es sobre todo Nombre— como respaldo de que lo pequeño llegará a ser mil.

Y así será,¡Porque Jehová lo dice!

¡Esto es tan importante para nosotros! Cuando nos vemos a nosotros mismos, una congregación pequeña, nuestros recursos limitados, nuestros esfuerzos que parecen insignificantes o inútiles frente a la magnitud de la lucha, ante la enormidad de la tarea, la pregunta no es “¿tenemos o somos lo suficiente?” La pregunta es “¿Qué dice Jehová?”  

¡Él ha hablado, Él ha prometido, no importa el tamaño de nuestras fuerzas o de nuestros recursos, Él hará!


“A su tiempo… pronto”

Está la parte más significativa —y más difícil— del versículo: “a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto.”  Parece algo contradictorio. ¿Cuándo será? ¿A su tiempo o pronto? Pero no hay contradicción, hay una enseñanza.

“A su tiempo” nos recuerda que Dios no actúa según nuestro tiempo. Él elige un tiempo para el cumplimiento de sus promesas, y ese tiempo no lo apresuramos nosotros con nuestra impaciencia ni lo retrasamos con nuestras dudas o temor. Es en el tiempo de Dios, el momento preciso, el instante exacto, la hora justa.

“Pronto” nos enseña que cuando ese tiempo llegue, la acción de Dios no vacilará. No habrá demora al último momento. Cuando Dios se mueve, se mueve rápido. El apóstol Pedro se lo dice a una iglesia que se impacientaba con las promesas de Dios: 

“Para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día” (2 Pedro 3:8). 

La aparente lentitud de Dios no es indiferencia —es misericordia y paciencia.

Dicho de otra manera: el problema nunca es que Dios llegue tarde. El problema es que nuestros tiempos no están sincronizados con el suyo.


¿Te sientes “el menor”?

Las palabras de Isaías tienen una aplicación personal que no debemos ignorar. Puede que al leer estas lineas estes sintiéndote exactamente como lo que el texto describe: pequeñomenorincapazdébil. Quizás en tu familia, en el trabajo o en el ministerio. Quizás alguien ha sembrado en ti la idea de que somos demasiado poco para que Dios haga algo grande con nosotros.

Isaías 60:22 es la respuesta directa que deshace esa mentira.

El versículo no dice que Dios tomará a los grandes y los hará más grandes. Dice que tomará al pequeño y al menor —a los que no cuentan para el mundo— y los multiplicará.

Para ser usado por Dios no tienes que ser fuerte, sabio o el mas grande. Para ser usado por Dios solo tienes que creerle y estar dispuesto a hacer lo que Él diga. Dios ha empeñado Su Nombre en cumplir lo que ha prometido.

Yo Jehová, a su tiempo haré que esto sea cumplido pronto


Coram Deo



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