Contra la Monotonía


“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.” – Isaías 60:1


La monotonía es la cualidad de aquello que carece de variación, que se repite de manera constante y uniforme hasta generar cansancio, aburrimiento o indiferencia.

La palabra viene del griego monotonía, compuesta por monos (uno, solo) y tonos (tono, tensión), lo que literalmente significa “un solo tono”. Es decir, algo que suena siempre igual, sin altibajos, sin sorpresas.

En la vida cristiana, la monotonía es uno de los enemigos silenciosos de la fe. No llega de golpe, sino gradualmente, cuando la oración se vuelve mecánica, la lectura de la Biblia se convierte en rutina y el servicio a Dios algo que se hace por hábito y no por amor. 

Uno puede predicar, enseñar, dirigir la alabanza y servir a los hermanos, pero cuando esos actos se hacen sin depender del Espíritu Santo, sin un amor genuino por las personas y con la conciencia de que se sirve a Dios mismo, entonces la fidelidad se convierte en monotonía.

Sus causas más comunes en el ministerio son el agotamiento espiritual , la falta de comunión íntima con Dios, el servir por obligación y también por no ver frutos visibles a corto plazo.

Cuando llega el momento de tomar la iniciativa contra la monotonía, debemos ser nosotros los que damos el primer paso y levantarnos. No tiene sentido esperar que Dios nos ayude en esto porque no lo va a hacer. 

Una vez que nos levantamos para enfrentar la monotonía, inmediatamente nos damos cuenta de que Dios está a nuestro lado. Y al tomar la iniciativa, nuestra relación con Dios se convierte en un asunto moral, un asunto de obediencia porque debemos ser obedientes para no caer en la rutina o en el error.

Si nos levantamos y resplandecemos, la monotonía no nos atrapará.

La monotonía pone a prueba la fortaleza de nuestro carácter. Es un enemigo que nos ataca cuando consideramos que lo que hacemos para servir a Dios no es importante o valioso. Nos hace ver las actividades o tareas como desagradables, serviles, agotadoras e indignas. Y cuando la enfrentamos, nuestra fortaleza espiritual es probada de inmediato.

La comunión con Jesús es fundamental para que evitar que cualquier servicio se vuelva monótono. Cuando el Señor nos usa, lo que hagamos es transformado de la misma forma que Nuestro Señor tomó nuestro cuerpo y lo transformó en “templo del Espíritu Santo” (1 Corintios 6:19).

Pablo lo expresa en Colosenses 3:23 cuando dice: 

“Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.” 

El antídoto de la monotonía es recordar a quién servimos: no servimos a los hermanos, servimos a Cristo.


Preguntas de Reflexión

1. ¿Qué tareas monótonas, desagradables o serviles estás realizando ahora? ¿Las ves como una prueba de tu carácter o como una carga que evitas?

2. ¿Estás esperando que Dios te ayude con lo monótono, o entiendes que debes dar el primer paso para descubrir que Él está ahí?

3. ¿Estás dispuesto a hacer las tareas “más humildes” con la misma actitud que Jesús lavó los pies de sus discípulos, o consideras que ciertas tareas están por debajo de ti?

4. ¿Has experimentado cómo Dios transforma el trabajo monótono cuando lo haces con la guía y divinos? 

5. ¿Necesitas “levantarte y resplandecer” hoy para que Dios transforme alguna tarea o servicio monótono?

Hno. Pedro Cuevas

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