
“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…”
— Hebreos 12:2
Hoy reflexionamos sobre la importancia de saber cuál es nuestra meta principal en la vida. Es fácil desviarse hacia metas nobles — ganar almas, edificar la iglesia, promover avivamientos — y perder de vista la meta central: agradar a Dios. Todo lo demás, por bueno que sea, se convierte en un sustituto si desplaza ese propósito fundamental.
REFLEXIÓN
Hebreos 12:2 da una instrucción que parece simple pero que exige disciplina constante: puestos los ojos en Jesús. No en los resultados del ministerio. No en las necesidades de la congregación. No en los estándares que otros establecen. En Jesús — en agradarle a Él, en ser aprobado por Él.
El peligro que constantemente acecha a los hijos de Dios no es la pereza ni la desobediencia abierta — es la distracción… ¡por cosas buenas! Es posible dedicar toda la energía espiritual a ganar almas, a establecer iglesias, a promover avivamientos — y que toda esa actividad se convierta en un sustituto de la meta central: serle agradable a Dios.
Cuando la actividad reemplaza el propósito, nuestra vida espiritual pierde su fundamento.
La vida de Pablo fue como la de un músico de orquesta: alguien que no busca la aprobación de la audiencia sino la de su Director. El músico que toca para impresionar al público terminará adaptando su música a los gustos de ese público. Pero el músico que toca para su Director mantiene la integridad de la obra musical sin importar la respuesta de la sala.
Hay una manera simple pero efectiva para ver si estamos viviendo en el propósito de Dios para nuestra vida: al menos una vez a la semana, evalúate ante Dios para ver si tu vida está avanzando hacia la meta que Él tiene para ti — no hacia la meta que otros te imponen, no la meta que tú mismo te hayas fijado, sino la que Él te ha puesto. Esa evaluación nos ayuda a mantener nuestra brújula bien orientada.
El valor de una persona para Dios en público es medido por lo que es en privado. La vida exterior debe de ser la expresión de lo que se ha cultivado en el interior. Cuando lo privado y lo público están desconectados, el ministerio público se vuelve actuación.
APLICACIÓN PRÁCTICA
Te invito a hacer una evaluación honesta de tu meta principal:
• Dedica un tiempo ante Dios y responde honestamente esta pregunta: ¿cuál es mi meta principal en la vida en este momento — agradar a Dios, o algo que se ha convertido en sustituto de eso?
• Examina si hay alguna actividad de servicio o ministerio que ha desplazado a Dios mismo como centro. ¿Estás sirviendo para Él o para sustituirlo a Él?
• Examina tu vida privada y tu vida pública. ¿Lo que otros ven es el resultado genuino de lo que cultivas en privado, o hay una diferencia entre los dos?
Mantener los ojos puestos en Jesús no es un sentimiento — es una disciplina diaria que requiere decisión consciente y autoexamen regular. Pero es la única forma producir un fruto que permanece.

PREGUNTAS DE REFLEXIÓN
1. ¿Cuál es tu meta principal en la vida en este momento — de manera honesta, no doctrinal? ¿Es agradar a Dios, o hay algo que se ha instalado en ese lugar central sin que lo hayas decidido conscientemente?
2. ¿Hay actividades de ministerio o servicio que han comenzado a competir con Dios mismo como tu prioridad?
3. El cristiano maduro es como el musico que solo busca la aprobación de su Director, sin importarle la respuesta de la audiencia. ¿Cuánto influye la aprobación o desaprobación de otros en tus decisiones de servicio u obediencia?
4. ¿Evalúas regularmente tu vida ante Dios — no ante los estándares de otros ni ante tus propias expectativas, sino ante el estándar que Él tiene para ti?
5. ¿Hay coherencia entre tu vida privada y tu ministerio y/o servicio público? ¿Lo que otros ven en ti es el resultado de lo que cultivas en secreto, o hay una diferencia entre las dos?
Coram Deo





















