Amistad con Dios


“Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer…?”
 — Génesis 18:17


Hoy hablamos del nivel más profundo de la relación con Dios: la amistad íntima en la que ya no es necesario buscar constantemente su voluntad porque uno está tan cerca de Él que nuestras decisiones son, en realidad, la voluntad de Dios. Es la meta final de la vida de fe — y está al alcance de todo creyente.


REFLEXIÓN

Génesis 18:17 es un versículo extraordinario. Dios está a punto de hacer algo de enorme importancia, y razona para si mismo: ¿cómo voy a ocultarle esto a Abraham, mi amigo? Esa intimidad no llegó de un día para otro — fue el resultado de años de caminar con Dios, de obediencia sostenida, de una fe que fue probada y se mantuvo. (Ver Isaías 41:8; Santiago 2:23)

La plenitud de la amistad con Dios es diferente a la experiencia ocasional de su presencia en la oración. La oración muchas veces busca a Dios para obtener algo de Él — dirección, protección, bendición. Pero la amistad íntima lleva a un nivel donde ya no es necesario pedir constantemente, porque uno está tan alineado con Dios que nuestros deseos y los de Él coinciden de manera natural.

Una señal de esa amistad total es la libertad en la oración. Cuando todavía dudamos de si algo es o no la voluntad de Dios — cuando nos frenamos antes de expresar nuestros verdaderos deseos en oración — es señal de que todavía necesitamos alcanzar un mayor nivel de intimidad con Él. La amistad madura ora con confianza, sabiendo que el Padre conoce las necesidades antes de que se las pidan (Mateo 6:8).

Es necesario entender algo importante: la libertad que produce la amistad con Dios no es libertad de hacer lo que uno quiere. Es libertad dentro de una relación de confianza mutua. Quien experimenta esa intimidad sabe que, si se equivoca, Dios producirá un sentimiento intimo de tristeza y arrepentimiento que lo llevará a corregir su equivocación de inmediato.

El Salmo 37:4 expresa con precisión la amistad con Dios: “Deléitate asimismo en Jehová, y Él te concederá las peticiones de tu corazón.” No porque Dios conceda cualquier deseo, sino porque el corazón que se deleita en Él comienza a desear lo mismo que Dios desea. La amistad transforma los deseos.


APLICACIÓN PRÁCTICA

•  Toma de tu tiempo para estar con Dios — solo para conocerlo mejor, para escucharlo, para disfrutar de su presencia. Trata esos momentos como lo que son: tiempo con un amigo, no una sesión de quejas.

•  Examina tu vida de oración: ¿estás buscando principalmente dádivas de Dios, o estás buscando a Dios mismo? ¿Qué revelan los motivos de tu tiempo de oración sobre lo que realmente buscas?

•  Pon en práctica tu amistad con Dios en las decisiones de tu vida diaria, confiando en que Él te guía y te mostrará si estas equivocado.

La amistad con Dios no es un privilegio reservado para unos pocos — es la invitación permanente de Aquel que dijo: “ya no os llamaré siervos, sino amigos” (Juan 15:15).


PREGUNTAS DE REFLEXIÓN

1. ¿Describes tu relación con Dios principalmente como una relación de conveniencia, de búsqueda de su voluntad, o de amistad íntima? 

2. ¿Hay cosas que no le has expresado a Dios en oración porque dudas de si serán su voluntad — donde te has frenado antes de llegar a lo que realmente deseas pedir?

3. El Salmo 37:4 promete que quien se deleita en el Señor recibirá las peticiones de su corazón. ¿Es tu deleite en Dios lo que orienta tus peticiones — o solamente buscas obtener lo que quieres? 

4. ¿Conoces esa señal interna que Dios produce cuando tomamos una dirección equivocada? ¿La reconoces con facilidad, y la obedeces de inmediato cuando la sientes?

5. ¿Qué cambiaría en tu vida de oración si la entendieras principalmente como la búsqueda de una amistad con Dios, en lugar de verla como el canal para obtener sus bendiciones y dirección?

Coram Deo



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