¿Lo amas de verdad?


“Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?” — Juan 21:15


Este devocional nos invita a examinar la calidad de nuestro amor por Dios. La pregunta central es sencilla pero profunda: ¿Amamos a Dios de una manera que va más allá de nosotros mismos, o nuestro amor es cómodo, calculado y siempre dentro de lo que nos conviene?


REFLEXIÓN

Después de su resurrección, Jesús se encontró con Pedro a orillas del mar. Pedro, que lo había negado tres veces, esperaba quizás una reprensión o un castigo. Pero Jesús no le hizo preguntas sobre su fidelidad, su utilidad, ni sus planes de servicio. La única pregunta que le hizo fue: “¿Me amas?” Y la hizo tres veces.

Eso nos enseña algo fundamental: para Jesús, todo lo demás—el servicio, el ministerio, la utilidad—viene después del amor. No al revés. Solo cuando Pedro confirmó su amor, Jesús le encargó una tarea: “Apacienta mis ovejas.”

El servicio es el fruto del amor, no su sustituto.

Este principio se ve también en Marcos 14, donde una mujer derramó sobre Jesús un perfume muy costoso. Los que estaban alrededor la criticaron: “¿Para qué este desperdicio?” Pero Jesús la defendió y dijo: “Buena obra me ha hecho” (Marcos 14:6). Lo que hizo esa mujer no fue calculado ni prudente. Fue un acto puro de amor, sin pensar en si era útil o si alguien lo aprobaría.

Muchos de nosotros servimos a Dios por deber, por hábito, o porque “es lo correcto”. Pero hay una diferencia enorme entre servir a Dios porque “debo hacerlo” y servirle porque “le amo”. El primero nos mantiene enfocados en nosotros mismos—en nuestra utilidad, en nuestro desempeño, en nuestra reputación espiritual. El segundo nos saca de nosotros mismos y nos orienta completamente hacia Él.

Alguien lo expresó así: cuando nos rendimos por amor a Dios, Dios mismo obra a través de nosotros—sin que tengamos que forzarlo ni calcularlo. La pregunta que Jesús le hizo a Pedro sigue resonando hoy para cada uno de nosotros: 

¿Me amas?


APLICACIÓN PRÁCTICA

Haz algo por Dios que no tenga otro motivo que tu amor por Él. No tiene que ser grande ni espectacular. Puede ser:

•  Levantarte antes de lo normal para llegar al Templo con tiempo suficiente para estar con Él en oracion.

•  Hacer una llamada para alentar a alguien que este pasando por una situación difícil sin esperar nada a cambio.

•  Darle a Dios ese tiempo, talento o recurso que has estado guardando “para cuando sea el momento correcto”.

•  Alabarlo en privado, con la misma entrega que tendrías si estuvieras en público.

La clave no está en la magnitud de la acción, sino en el motivo: ¿lo estás haciendo por amor a Él, o para sentirte bien contigo mismo?


PREGUNTAS DE REFLEXIÓN


1. Jesús le preguntó a Pedro tres veces: “¿Me amas?” Si Jesús te hiciera esa misma pregunta hoy, ¿qué evidencia concreta tendrías para respaldar tu respuesta?

2. Pedro servía a Dios, pero Jesús quiso asegurarse de que ese servicio nacía del amor. En tu caso, ¿tu servicio a Dios nace del amor o del deber?

3. La mujer de Marcos 14 hizo algo “exagerado” por Jesús sin pedir permiso ni aprobación. ¿Hay algo que sientes que Dios te ha puesto en el corazón hacer por Él, pero que has pospuesto por miedo a lo que otros pensarán o porque no parece “prudente”?

4. Cuando nos preocupamos demasiado por ser “útiles” nos centramos en nosotros mismos. ¿En tu ministerio o servicio, te enfocas más en tu desempeño o en estar en la presencia de Dios? 

5. ¿Qué sería diferente en tu vida esta semana si te rindieras a Dios completamente—no por esfuerzo ni disciplina, sino simplemente porque le amas?


Hno. Pedro Cuevas

Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *