¿Eres Insensible Hacia Los Demás?

“Planeta”Abdiel Laces (Acrílico sobre tela)
(Grupo Intersecundarios – Iglesia Getsemaní – SLC, UT)

“Cristo Jesús es el que murió; más aún, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.”
Romanos 8:34


Hoy veremos el argumento más sólido posible para la intercesión: Que Cristo mismo intercede continuamente por nosotros, y que el Espíritu Santo intercede en nosotros. Si ellos interceden, ¿no deberíamos nosotros participar en esa misma obra? La pregunta de fondo es si nuestra vida está lo suficientemente unida a Dios como para ser sensibles a las luchas y necesidades de las personas que Él pone en nuestro camino.


REFLEXIÓN

Romanos 8:34 y Romanos 8:27 presentan una imagen extraordinaria: Cristo a la diestra del Padre intercediendo por nosotros, y el Espíritu Santo intercediendo en nosotros. La intercesión no es una práctica opcional —es la actividad permanente de la Trinidad a favor de la humanidad. Cuando intercedemos, nos unimos a lo que ya está ocurriendo en el corazón de Dios.

Y sin embargo, a pesar de esta hermosa realidad, muchos seguimos siendo insensibles a las personas que Dios pone en nuestro camino. El problema no es falta de conocimiento —es que las circunstancias y las cargas de la vida nos han apartado de la comunión con Dios. Y cuando nos alejamos de Él, perdemos la sensibilidad para ver a las personas como Dios las ve.

Hay un patrón que todo creyente con cierta experiencia conoce: las crisis que nos rodean —en la familia, en el trabajo, en la iglesia, etc. —producen opresión. El tiempo se nos escapa. La comunión queda desplazada. Y entonces, en lugar de ser intercesores, nos convertimos en personas que “dan un versículo rápido” o “unos consejos a toda prisa” —sin cariño, sin interés genuino, sin la visión de Cristo.

Hay también un error en el que caemos con frecuencia: intentar adelantarnos a Dios con nuestros propios deseos de hacer su voluntad. Actuamos, organizamos, intervenimos —y terminamos sobrecargados con personas y problemas mientras que la comunión ha desaparecido. Esa sobrecarga sin comunión produce dureza hacia Dios y desesperación en el alma.

Debemos preguntarnos: ¿está nuestra vida espiritual en condiciones de poder unirnos en la intercesión de Cristo y del Espíritu Santo por nuestros hermanos? No se trata de tener más energía ni más tiempo —se trata de mantener la comunión con Dios como el fundamento desde el que todo lo demás fluye.


APLICACIÓN PRÁCTICA

•  Identifica las circunstancias que actualmente más te están apartando de la comunión y la intercesión —las cargas, las presiones, las actividades que consumen tu tiempo y energía. Busca cómo poner punto final a esas distracciones, aunque sea parcialmente, para recuperar ese espacio.

•  Piensa en la última vez que alguien con una necesidad se acercó a ti. ¿tu respuesta fue de un interés sincero como resultado de tu comunión con Dios, o fue una respuesta rápida —un versículo, un consejo, una oración breve —sin verdadero interés? 

•  Antes interceder por alguien, toma un momento de oración para preguntar: ¿Cómo está intercediendo Cristo por esta persona? ¿Cómo puedo participar en eso? 

Un cristiano insensible —que da versículos rápidos y consejos a prisa, sin interés —no es el resultado de mala voluntad, sino de una falta de comunión con Dios. La solución no consiste en esforzarse más, sino volver a una relación íntima con el Señor.


PREGUNTAS DE REFLEXIÓN

1. Cristo intercede continuamente por nosotros y el Espíritu intercede en nosotros. ¿Esa realidad orienta activamente tu vida de oración, o es una verdad que conoces pero que no ha transformado tu vida de oración?

2. ¿Hay circunstancias actuales en tu vida que te están apartando de la comunión con Dios —que consumen tu tiempo y energía hasta el punto de no dar lugar a una intercesión genuina

3. ¿Puedes identificar momentos recientes en que respondiste a la necesidad de alguien de manera insensible —rápida, sin interés genuina, lejos de la voluntad del Señor? 

4. Existe el peligro de adelantarnos a Dios con nuestras maneras propias de hacer Su voluntad, terminando sobrecargados y sin verdadera comunión. ¿Estas viviendo algo así en tu vida de ministerio o servicio?

5. ¿Está tu vida en condiciones de poder unirse en la intercesión de Cristo y del Espíritu Santo por nuestros hermanos? 

Coram Deo



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