¿Hipócritas Espirituales?

“Mar” por Sophia Reyes (Acrílico sobre tela)
(Grupo de Intersecundarios –Iglesia Getsemaní – Salt Lake City, UT)

“Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida…”
 1 Juan 5:16


Esta Reflexión nos confronta con uno de los usos más comunes y peligrosos del discernimiento espiritual: emplearlo para criticar en lugar de interceder. Dios nos revela las debilidades y pecados de otros no para que los juzguemos sino para que los llevemos en oración. Cuando usamos ese discernimiento de otra manera, nos convertimos en hipócritas espirituales.

REFLEXIÓN

1 Juan 5:16 contiene una instrucción que muchos conocen, pero pocos practican: cuando ves a un hermano pecar, la respuesta correcta es orar por él, no comentarlo. Esa instrucción asume algo importante: que el discernimiento sobre los demás tiene un destino específico, y que cuando lo desviamos de ese destino, nos corrompemos nosotros mismos.

El peligro es sutil. El discernimiento espiritual —la capacidad de ver dónde fallan otros, de percibir lo que está mal en una situación o en una vida —es un don del Espíritu Santo. Pero ese don tiene una sola función correcta: llevarnos a interceder. Cuando lo usamos para hacer comentarios, criticar o convertirnos en árbitros espirituales de la vida ajena, hemos tomado algo que Dios nos dio para el bien de otra persona y lo hemos convertido en veneno para nosotros mismos.

Hay una señal clara de que estamos cayendo en la hipocresía espiritual: cuando invertimos más energía en intentar poner a las personas en el buen camino con Dios que en adorar a Dios nosotros mismos. La urgencia de corregir a otros puede convertirse en una manera disfrazada de evitar la propia vida de oración.

Lo que el Espíritu Santo quiere hacer con ese discernimiento es darnos la capacidad de entender la mente de Cristo con relación a la persona en pecado para que podamos interceder de acuerdo con lo que Dios quiere darle. No somos nosotros quienes ponemos a Dios en contacto con nuestros pensamientos —es Dios quien comparte sus pensamientos con nosotros sobre aquellos por quienes oramos.

La pregunta que la Reflexión nos deja es directa: ¿Jesucristo puede ver que nos duele la condición de esa persona? Esa agonía —esa carga genuina por las personas —solo es posible cuando nos identificamos íntimamente con Jesús hasta el punto de ver a los demás a través de sus ojos, no con los nuestros.


APLICACIÓN PRÁCTICA

• Cada vez que notes una debilidad o un pecado en alguien —ya sea en conversación, en observación directa o en lo que alguien te cuente —detente antes de comentarlo o analizarlo con otros. Llévalo directamente a Dios en oración por esa persona.

• ¿Hay personas en tu vida sobre quienes tienes conocimiento de su pecado, pero por quienes oras poco? Esa es una señal de que el discernimiento está siendo usado para el propósito equivocado.

•  Antes de tu tiempo de oración de intercesión, toma un momento para adorar y pregunta: ¿Qué piensa Cristo sobre esta persona? Deja que esa respuesta —no lo que tu piensas —te indique lo que pides por la persona.

El discernimiento que no lleva a la intercesión nos corrompe. El discernimiento que nos lleva a interceder nos conforma a la imagen de Cristo.


PREGUNTAS DE REFLEXIÓN

1. ¿Hay personas sobre las que el discernimiento espiritual te indica interceder pero por quienes oras poco o nada?

2. El discernimiento espiritual puede convertirse en hipocresía cuando se usa para criticar en lugar de interceder. ¿Paso esto en tu vida de oración?

3. ¿Has experimentado la diferencia entre orar por alguien desde tu propio entendimiento de su situación, y orar por esa persona desde el discernimiento que Dios te da?

4. Podemos caer en el error de invertir más energía en corregir a otros que en pedir discernimiento a Dios para interceder por ellos.

5. ¿Puede Jesucristo ver en ti el dolor que produce el pecado de aquellos que te rodean?

Coram Deo



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