
“¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia?”
— Romanos 6:16
Hoy nos enfrentamos una verdad que muchas veces preferimos ignorar: todo ser humano está sometido, sujeto a algo. La pregunta no es si tenemos un amo — la pregunta es a quién nos hemos sometido, quién es nuestro amo. Romanos 6:16 nos muestra que la sumisión es inevitable, y que cada acto de obediencia a nuestro amo, forma y refuerza su dominio en nuestra vida.
REFLEXIÓN
Romanos 6:16 establece un principio que no tiene excepciones: somos esclavos de aquello a lo que obedecemos.
No esclavos en el sentido de que nos guste o que lo hayamos elegido conscientemente — sino en el sentido de que esta obediencia crea una cadena que con el tiempo se vuelve imposible de romper por nuestras propias fuerzas.
Lo más importante del versículo es la responsabilidad personal que implica: nadie nos esclavizó sin nuestra participación.
En algún momento, decidimos obedecer — ya sea a nuestro propio ego, a un hábito, a una pasión, a un miedo. Ese acto de sumisión, aunque pareciera pequeño e irrelevante en el momento, fue el comienzo de la cadena.
En la actualidad, la lascivia se ha convertido en el amo de innumerables personas, yendo más allá del sentido sexual que siempre ha tenido. La lascivia es “quiero eso ahora” — ya sea de la carne o de la mente. Es la exigencia del ego por obtener una satisfacción inmediata.
Y cuando nos sometemos a esa exigencia de manera repetida, aunque odiemos lo que hacemos, nos descubrimos incapaces de parar. No porque seamos débiles — sino porque la sumisión ha creado un dominio real.
No existe poder humano suficiente fuerte para romper ese dominio una vez que se ha establecido. Esto es lo que muchos ignoran: la fuerza de voluntad no es suficiente. La información correcta no es suficiente. La disciplina moral no es suficiente.
Solo el poder de la redención puede liberar — porqué es el único poder que actúa a un nivel más profundo que la naturaleza formada por la sumisión a la lascivia.
Y la paradoja de la redención es que nos libera de la esclavitud no independizándonos, sino ofreciéndonos una sumisión diferente.
Someternos a Jesús no nos quita libertad — nos la da. Porque Él es el único Señor cuyo dominio nos devuelve a nuestra condición original, como fuimos creados al principio.
APLICACIÓN PRÁCTICA
¿A qué o a quién te has sometido en las distintas áreas de tu vida?
• ¿Tienes algún comportamiento o pensamiento al que te ves volviendo repetidamente, aunque no quieras?, ¿Algo a lo que has dicho “puedo dejarlo cuando quiera” pero que en la práctica te controla?
• Reconoce tu responsabilidad en esa situación: no para condenarte, sino para salir de la mentalidad de víctima. En algún momento te sometiste voluntariamente. Reconocerlo es el primer paso hacia la libertad.
• Pon esta necesitad en oración — no como una petición general, sino como una petición concreta: “Señor, esto me domina y no puedo romperlo por mis propias fuerzas. Me someto a ti porqué reconozco que eres el único que puede romper este dominio.”
La libertad cristiana no es ausencia de autoridad — es estar bajo la autoridad correcta. Someterse a Jesús es el acto más liberador que un ser humano puede hacer.

PREGUNTAS DE REFLEXIÓN
1. Romanos 6:16 nos dice que somos esclavos de aquello a lo que obedecemos. ¿Qué gobierna tu vida en la práctica — tus hábitos, tus decisiones cotidianas, tus reacciones —?
2. ¿Reconoces en tu vida algo a lo que te has sometido repetidamente, que ahora te controla, aunque quieras dejarlo? ¿Qué es y cuándo comenzó esa sumisión?
3. Ningún poder humano puede romper los patrones creados por la sumisión — solo el poder de la redención. ¿Has intentado resolver por tus propias fuerzas algo que solo Dios puede liberar?
4. El efecto de la lascivia, el “quiero eso ahora” — ya sea de la carne o de la mente — es más amplio de lo que solemos pensar. ¿Hay algún áreas de tu vida donde impera esa exigencia de satisfacción inmediata?
5. La paradoja de redención es que la salida de la esclavitud es una sumisión diferente, es someternos a Jesús. ¿Qué diferencia hay entre estar sometido al ego y estar sometido a Cristo en la vida diaria? ¿Qué se siente diferente?
Coram Deo

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