
“Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.”
— Juan 21:17
La Reflexión de hoy nos muestra cómo funciona la lógica del reino de Dios: primero el amor, luego el servicio. Jesús no le dio a Pedro una tarea para que demostrara su amor — le dio una tarea porque ya había afirmado (¡tres veces!) su amor. El servicio a Dios siempre fluye del amor, no lo produce.
REFLEXIÓN
Después de que Pedro confirmó por tercera vez que lo amaba, Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas.” No le dijo “predica el evangelio”, “lidera a tus hermanos”, u “organiza la iglesia”. Le dijo:
Cuida de las personas que yo te confíe. En eso consiste el ministerio en su forma más concreta y exigente.
Ahora bien, Jesús tiene ovejas muy diversas — algunas desordenadas, algunas torpes, algunas pendencieras, algunas extraviadas. Y la comisión no incluye una cláusula de excepción. No dice “apacienta las ovejas que sean agradables” ni “las que te valoren”. Dice simplemente: mis ovejas, TODAS. Esa realidad es algo que fácilmente pasamos por alto.
Amar a Dios sirviendo a Su Iglesia solo es posible cuando el amor que motiva dicho servicio viene del Espíritu Santo y no de nuestras emociones naturales.
El amor humano tiene límites — se duele con la ingratitud, se ofende con el rechazo, se agota con la dificultad. Pero el amor de Dios que fluye a través del Espíritu Santo en nosotros no tiene esas limitaciones.
Es imposible agotar el amor de Dios, y cuando fluye a través de nosotros, nuestro servicio se vuelve inagotable.
Por otro lado, debemos estar atentos paro no confundir el amor de Dios con nuestras emociones, gustos e ideas. Podemos caer en la trampa de servir solo a quienes nos agradan, en situaciones que nos resultan cómodas, sentirnos bien con nosotros mismos — y llamar a todo eso “servicio” o “ministerio”.
Pero la comisión de Jesús es mucho más amplia y exigente que nuestras preferencias.
APLICACIÓN PRÁCTICA
Examina tu ministerio, ¿A quiénes estás sirviendo realmente — y a quiénes estás evitando?:
• Haz una lista mental de las personas que te resultan más difíciles de servir. ¿Hay alguna “extraviada, torpe o pendenciera” a quien estés dejando sin atención porque tu costo personal es alto?
• Elige una de esas personas y da un paso concreto hacia ella — no porque te nazca emocionalmente, sino como un acto deliberado de obediencia a la comisión de Jesús, “apacienta a mis ovejas”.
• Pide a Dios en oración que te conceda de Su amor para servir a aquellas personas a quienes no podrías amar por tus propias fuerzas. Y actúa (¡Como si esa oración ya hubiera sido respondida!)

PREGUNTAS DE REFLEXIÓN
1. Jesús le dio a Pedro la tarea de apacentar sus ovejas inmediatamente después de que Pedro confirmó su amor. ¿Entiendes tu propio ministerio o servicio como una expresión de amor a Cristo, o lo vives principalmente como una obligación o responsabilidad?
2. Las ovejas de Jesús son muy diversas y difíciles: desordenadas, torpes, pendencieras, extraviadas. ¿Hay personas específicas en tu vida o ministerio a quienes encuentras difícil servir? ¿Qué te impide hacerlo?
3. ¿Has experimentado la diferencia entre servir con tus propias emociones y servir con el amor de Dios fluyendo a través de ti? ¿Cómo se siente esa diferencia en la práctica?
4. Podemos caer en la trampa de “falsificar el amor de Dios” siguiendo nuestras gustos y preferencias. ¿Hay formas en que tu servicio está limitado por tus preferencias personales en lugar de estar guiado por el amor de Dios?
5. “Como me envió el Padre, así también yo os envío” (Juan 20:21). ¿Está clara la tarea específica que Jesús te ha dado? ¿La estás cumpliendo?
Coram Deo

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