
“Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.”
— 2 Corintios 8:9
Este devocional nos lleva al nivel más profundo del servicio cristiano: el empobrecimiento voluntario. No el servicio que da de lo que le sobra, sino el que da de lo que le cuesta. El modelo es Cristo mismo, que siendo rico se hizo pobre para enriquecernos a nosotros.
REFLEXIÓN
El Hijo de Dios tenía todo. Y lo dejó todo—no porque le fue quitado, sino voluntariamente, deliberadamente, por amor a nosotros. Ese es el estándar que Pablo coloca frente a la iglesia en 2 Corintios 8:9. No es una metáfora ni una exageración teológica: es el modelo concreto de lo que significa servir como Cristo sirvió.
Pablo vivió ese modelo. En 2 Corintios 12:15 escribe: “aunque amándoos más, sea amado menos.” Es una de las declaraciones más profundas del Nuevo Testamento. Pablo reconoce algo que todo siervo de Dios enfrenta tarde o temprano: a veces, cuanto más te entregas, menos te valoran. Y él dice que eso no cambia nada. Sigue siendo un gozo.
Esto va contra nuestra manera habitual de entender el servicio cristiano. Antes de comprometernos, nos preguntamos: ¿Cómo me afectará esto a mí? ¿Qué pasará con mi seguridad, mi salario, mi comodidad? Esas preguntas no son necesariamente malas, pero revelan que aún estamos calculando el costo antes de decidir si servimos. Pablo no calculaba así. Él ya había tomado la decisión de fondo: su vida no le pertenecía a él.
Viene a mi memoria una imagen muy elocuente: quien sirve a Dios no es solo alguien que proclama el Evangelio. Es el “pan y el vino” que Cristo da a los demás. El pan no decide a quién alimenta. El vino no tiene nada que decir respecto a quien lo bebe. Simplemente se dan, se entregan, completamente, para que otros sean nutridos.
APLICACIÓN PRÁCTICA
Examina hoy las condiciones que has puesto a tu servicio. Sé honesto contigo mismo:
• ¿Hay un llamado o una necesidad que Dios ha puesto frente a ti, pero que has rechazado porque el costo personal te parece demasiado alto?
• ¿Sirves principalmente en áreas donde te sientes cómodo, reconocido o valorado? ¿Qué pasaría si Dios te pidiera servir donde no hay ninguno de esos beneficios?
• ¿Hay alguien a quien sirves y que, mientras más te entregas, menos te aprecia? ¿Puedes seguir sirviéndole de todas formas, como lo haría Pablo?
Cristo se hizo pobre para enriquecernos. Esa gracia es el fundamento y el modelo de todo servicio cristiano verdadero. Cuanto más lo entendemos, menos miedo tenemos de hacerlo.

PREGUNTAS DE REFLEXIÓN
1. Cristo “se hizo pobre siendo rico”—no porque no tenía opción, sino por amor. ¿Hay algo en tu vida de lo que Dios te está pidiendo que te empobrezca voluntariamente para enriquecer a otros?
2. Pablo sabía que entre más amaba a los corintios, menos lo amaban a él. Y siguió amando. ¿Has tenido esa experiencia en tu ministerio o en tus relaciones?
3. Chambers nos muestra nuestras preguntas típicas antes de servir: “¿…y mi salario, y mi seguridad, y mi comodidad?” ¿Cuáles de esas preguntas has hecho tú recientemente?
4. La imagen del “pan y el vino” describe a alguien que no controla cómo o para quién se entrega. ¿Sientes que Jesús tiene ese tipo de control sobre tu vida, o hay áreas donde tú decides cómo, cuándo y para quién te entregas?
5. ¿Qué aspecto del servicio cristiano desarrollado en las tres últimas “Reflexiones Diarias”(determinación, deleite y empobrecimiento) te resulta más difícil llevar a cabo en este momento de tu vida?
Coram Deo

Leave a Reply