¡Oh, Si También Tú Conocieses!

ForestElias Ramirez (Acrílico sobre tela)
(Grupo Intersecundarios – Iglesia Getsemaní – SLC, UT)

“¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos.”
Lucas 19:42


Hoy recordamos el llanto de Jesús sobre Jerusalén —una ciudad que en ese momento estaba llena de actividad religiosa pero que no reconocía lo que se le ofrecía. La pregunta que Jesús hace a Jerusalén nos la hace también a nosotros: ¿hay algo que está cegando tu corazón y te impide ver lo que Dios tiene para ti?


REFLEXIÓN

Jesús entra en Jerusalén en medio de aclamaciones. La ciudad está exultante. Sin embargo Él llora. Llora porque puede ver lo que la multitud no puede ver: que en medio de toda esa actividad religiosa hay un “dios extraño” —el orgullo de los fariseos —que está cerrando los ojos de la ciudad a lo que se le está ofreciendo.

Un dios extraño no es necesariamente algo monstruoso o repugnante. Puede ser algo que parece correcto —incluso religioso —pero que en realidad está controlando la vida desde adentro. El orgullo religioso es particularmente peligroso porque se disfraza de celo por Dios. Los fariseos creían genuinamente que estaban sirviendo a Dios mientras… rechazaban al Hijo de Dios!

Las palabras de Jesús en Lucas 19:42 no son solo una descripción —son un lamento. “¡Oh, si también tú conocieses!” Hay una tristeza infinita en esa exclamación: la tristeza de quien ve claramente lo que podría ser y lo que no será por causa del endurecimiento voluntario. Y el “mas ahora está encubierto de tus ojos” señala la razón: la ceguera no fue impuesta desde afuera, fue producida por no haber entregado la vida a Dios.

Hay puertas que Dios no vuelve a abrir. No porque sea cruel, sino porque nuestra libertad implica que nuestras decisiones tienen consecuencias reales. Las oportunidades no aprovechadas no simplemente desaparecen —dejan una marca. 

Pero hay algo consolador: Dios abre otras puertas, y es capaz de transformar en enseñanzas de crecimiento incluso aquellas oportunidades que desaprovechamos.

¿Qué está cegándote hoy —en este tu día —para no ver la paz de Dios? ¿Hay un dios extraño —el corazón no entregado a Dios, una puerta que no has abierto, orgullo espiritual, etc. —que está produciendo esa ceguera?


APLICACIÓN PRÁCTICA

Pide al Espíritu Santo que revele lo que está encubierto en tus ojos:

•  Busca en oración a Dios y pregúntale: ¿hay algo que está controlando mi vida que no he rendido completamente a ti —algo que está cegando mi vista de tu paz y tus propósitos? 

•  Si hay una oportunidad que sientes que dejaste pasar —una dirección de Dios que no seguiste, un acto de obediencia que no realizaste — llévala ante Dios y pídele que la convierta en una enseñanza de crecimiento.

•  Examina si hay áreas de tu vida espiritual que parecen sujetas a Dios pero que en realidad están controladas por el orgullo, la opinión de otros o la necesidad de reconocimiento. Esos son los “dioses extraños” más peligrosos.

Si bien Jesús lloró sobre lo que podría haber sido de la ciudad de Jerusalén, no se detuvo ahí. Ahora Él abre nuevas puertas y redime lo que se había perdido. La condición es dejar atrás lo que todavía estamos reteniendo y nos impide conocerle plenamente.


PREGUNTAS DE REFLEXIÓN

1. ¿Hay algo en tu vida que esté “encubriendo tus ojos” —impidiendo que veas la paz de Dios y sus propósitos con claridad? 

2. El “dios extraño” de Jerusalén era el orgullo religioso —algo que parecía devoción pero que en realidad impide ver a Cristo. ¿Hay algo en tu vida espiritual que tiene la apariencia de la devoción pero que en realidad está controlado por el orgullo o la necesidad de reconocimiento?

3. La ceguera espiritual de Israel fue producida por no haber entregado la vida a Dios. ¿Hay áreas de tu vida —hábitos, actitudes, deseos —que todavía no has entregado a Dios? 

4. ¿Hay puertas en tu vida que sientes que se cerraron por no haber respondido a tiempo a la dirección de Dios? 

5. Jesús lloraba sobre Jerusalén por lo que podría haber sido. ¿Hay algo en tu propia vida por lo que sientes que Jesús se entristece —algo que todavía estas a tiempo de cambiar “en este tu día”?

Coram Deo



Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *