Author: Pedro Cuevas

  • Contra la Depresión

    “Y le tocó el ángel, y le dijo: Levántate, come.” – 1 Reyes 19:5


    En este pasaje vemos que el ángel no le dio una visión a Elías, ni le explicó las Escrituras ni hizo nada extraordinario. Simplemente le indicó que hiciera algo muy común para los seres humanos: levantarse y comer

    Si nunca nos deprimiéramos, no estaríamos vivos; solo los objetos no sufren depresión. Si no fuéramos capaces de deprimirnos, no tendríamos la capacidad de experimentar felicidad y alegría.

    Lo cierto es que hay cosas en la vida que parecieran planeadas para deprimirnos, como todo lo que está asociado con el sufrimiento o la muerte.

    La mayor parte del tiempo, cuando estamos deprimidos, el Espíritu Santo no nos da visiones gloriosas ni realiza cambios espectaculares, por el contrario, nos pide que hagamos cosas comunes; más comunes de lo que pudiéramos imaginar. 

    La depresión tiende a apartarnos de las cosas cotidianas de la vida. Pero siempre que estamos pasando por ella, si prestamos atención, Dios nos habla y nos indica que hagamos cosas normales y sencillas; cosas que jamás hubiéramos pensado que Dios nos moviera a hacer.

    Y a medida que las hacemos, por simples que sean, vemos al Señor obrando a través de ellas. Es su forma de movernos para luchar contra la depresión. 

    Sin embargo, necesitamos dar el primer paso, levantarnos y seguir la dirección de Dios.

    Si intentamos hacerlo solos, por nosotros  mismos, en lugar de vencer nuestra depresión, simplemente la profundizaremos. 

    Pero cuándo actuamos, atendiendo a la voz del Espíritu Santo, vemos que la depresión empieza a desvanecerse, porque tan pronto como nos levantamos y obedecemos, nos fortalecemos espiritualmente.


    Preguntas de Reflexión

    1. ¿Estás esperando que Dios te dé una experiencia extraordinaria para salir de la depresión, o estás dispuesto a obedecer haciendo las cosas simples y cotidianas que Él te indica?

    2. ¿Te ha apartado la depresión de las cosas normales de la vida? 

    3. ¿Estás intentando vencer la depresión con tus propias fuerzas, o estás esperando la guía del Espíritu Santo para dar el primer paso?

    4. ¿Has tenido la experiencia de ver cómo la depresión se va cuando obedeces a Dios haciendo lo que te pide?

    5. ¿Puedes ver al Señor en las cosas más sencillas de tu vida diaria, o solo lo buscas en lo extraordinario?


    Hno. Pedro Cuevas
  • ¡Despiértate!

    “Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo.” – Efesios 5:14

    No todas las iniciativas (el deseo de dar el primer paso) están inspiradas por Dios. Alguien podría decirnos: “¡Levántate y continúa! Toma tu temor y arrójalo por la borda; ¡haz lo que debe hacerse!”. Esto es lo que llamamos iniciativa humana. Pero cuando el Espíritu de Dios viene a nosotros y nos dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate”, nos damos cuenta de que no podemos resistirnos a la voluntad divina.

    Cuando somos jóvenes, tenemos muchos sueños, pero tarde o temprano nos damos cuenta de que no tenemos el poder para realizarlos todos. Y como no podemos hacer todas las cosas que deseamos, tendemos a pensar que esos sueños han muerto. Pero Dios nos dice: “Levántate de los muertos”. Cuando Dios nos habla así, nos llena con un poder tan extraordinario que somos capaces de “levantarnos de los muertos” y hacer lo imposible.

    Lo extraordinario de esta experiencia espiritual es que la vida y el poder se manifiestan después de que nos levantamos y continuamos avanzando”. Dios nos va dando vida a medida que avanzamos. 

    Sin embargo, cuando escuchamos la voz de Dios que nos dice levántate de los muertos”, tenemos que hacer nuestra parte y levantarnos, Dios no lo va a hacer por nosotros.

    Nuestro Señor le dijo al hombre con la mano seca: “Extiende tu mano” (Mateo 12:13). En cuanto el hombre obedeció, su mano fue sanada. Pero aquel hombre tuvo que tomar la iniciativa. Si tomamos la iniciativa para “levantarnos”, descubriremos que Dios nos da el poder para seguir adelante.

    Preguntas de Reflexión

    1. ¿Tienes sueños que crees que han “muerto” porque no tienes poder para realizarlos? ¿Estas esperando que Dios te levante en lugar de tomar tú la iniciativa?
    2. ¿Puedes distinguir entre iniciativa humana común (pura fuerza de voluntad) e iniciativa inspirada por Dios? 
    3. ¿Estás esperando que Dios te dé una vida triunfante antes de actuar, o entiendes que Él da vida a medida que triunfas dando el primer paso?
    4. ¿Qué “mano seca” necesitas extender hoy en obediencia? ¿Qué te impide dar ese primer paso de fe?
    5. ¿Has experimentado cómo el poder de Dios llega inmediatamente después de que tomas la iniciativa de obedecer? Si no, ¿qué te detiene?
    Hno. Pedro Cuevas

  • ¿Estás en Oscuridad?

    Lo que os digo en tinieblas, decidlo en la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde las azoteas.” – Mateo 10:27

    A veces, Dios permite que pasemos por tiempos oscuros para enseñarnos a oírlo y obedecerle.

    Hay ocasiones en que, así como algunos pájaros aprenden a cantar en la oscuridad, Dios nos cubre “con la sombra de su mano” hasta que aprendemos a oírlo (Isaías 49:2).

    Por eso es importante que prestes atención cuando Dios te pone en oscuridad y que mantengas la boca cerrada mientras estés ahí.

    ¿Estás en oscuridad en tus circunstancias actuales o en tu relación con Dios?

    Si es así, permanece en silencio. Si abres tu boca en la oscuridad, lo harás con una actitud incorrecta; la oscuridad es el momento para oír.

    No busques el consejo de otras personas sobre tu situación; ni leas libros de autoayuda para averiguar la razón de la oscuridad; solo escucha a Dios y obedece. Si hablas con otras personas o te distraes con un libro, no podrás oír lo que Dios te está diciendo.

    Si estas prestando atención, Dios te hablará de manera muy precisa indicando lo que tienes que hacer cuando regreses a la luz.

    Después de cada tiempo de oscuridad, debemos experimentar gozo y vergüenza. Gozo por haber oído el mensaje de Dios; pero, sobre todo, ¡debemos sentir vergüenza por haber necesitado ser llevados a la oscuridad para escucharlo!

    ¡Lo cierto es que Dios pudo haber estado hablando durante días e incluso semanas!

    Pero en cuanto lo escuchamos, Él nos da una actitud de humildad que produce en nosotros un corazón sensible; una condición que siempre nos permitirá estar atentos a la voz de Dios.

    Preguntas de Reflexión

    1. ¿Estás pasando por un tiempo de oscuridad ahora? ¿Estás permaneciendo en silencio para oír a Dios, o estás hablando con todos sobre tu situación?

    2. Cuando estás en oscuridad, ¿buscas respuestas en libros o personas, o esperas en silencio para oír lo que Dios te dice?

    3. ¿Has experimentado el gozo de oír a Dios después de un tiempo de oscuridad?

    4. ¿Cuánto tiempo ha estado Dios hablándote sobre algo que apenas ahora estás empezando a oír? ¿Por qué tardaste tanto?

    5. ¿Tienes un corazón sensible que te permite escuchar a Dios, o tienes un corazón duro que tarda en oír?

    Hno. Pedro Cuevas